Descuento

Julio 14, 2009 at 5:12 pm (Lo que barrio sesamo no te enseño) (, , , , , , , )

Cuando aun no has decidido si las letras de lujo merecen otra oportunidad, sin darte cuenta ya caminas con dudosa parsimonia ante una estantería de la Casa del libro deslizándote entre el Jinete Polaco de Muñoz Molina y Los placeres y los días de Francisco Umbral, intentando atisbar alguna obra no demasiado ajada de Julio Camba cuando, por azar, tropiezas con un ejemplar  de Manuel Vicent: León de Ojos Verdes, de no más 200 páginas por la generosa cifra de 18.90 €. De nuevo repasas las páginas del libro, su precio y finalmente lo dejas descansar con resignada complacencia en su estantería original. Te preguntas mientras te diriges hacia la salida más cercana, si llegará un día en que las cosas no hayan cambiado tanto desde la Edad Media, la era de los copistas, en la que tener un libro en casa no te definía como un tipo culto, intelectual, ni siquiera como un nuevo curioso. Te definía como un presumido adinerado o un heredero con mucha suerte. Un analfabeto con una herencia maravillosa entre las manos, una herencia que no podrías disfrutar aunque quisieras. Sería descabellado pensar que la literatura, aquella lunática de las ficciones que tiene la frenética ingenuidad de liberar la mente y dejar preso el corazón, pudiera estar a principios del siglo XXI tan imbuida por los beneficios económicos como para obligar a un joven estudiante de tercero de carrera a marcharse de una librería sin comprar ni un solo libro. Ayer lo consiguió.
Hoy, ni siquiera en la atareada y multitudinaria avenida de los descuentos, donde uno se da el placer de dudar ante los escaparates cristalinos y fascinarse con las musarañas que disponen campañas propagandísticas del tres al cuarto, la literatura consigue librarse de la mano idealizada de la venta y el beneficio. Quizá un buen escritor como Manuel Vicent merezca con creces que cada una de las páginas de este cuento o novela se vendan a 10 céntimos, pero ello significaría que esas páginas no llegarán a muchos que seguro las apreciarían igual o mejor que aquel que puede permitírselas. Es entonces cuando un cuento se transforma en un descuento. Si, y es la época de los descuentos, descuentos de humanidad, descuentos de amabilidad, descuentos del desencanto por la literatura, de la ingenuidad, del desorden caótico, del desinterés del hombre por el hombre, del deseo irrefrenable de poseer. El mayor problema del planeta se refleja en la literatura como todo, y por primera vez no dentro de sus páginas de ficción, no en islas desiertas, ni en incansables aventuras salidas de la imaginación y el talento de grandes escritores como Vicent, sino un poco más allá a la vuelta de la última página, en la etiqueta del precio de venta al público.

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